Time-lapse

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Hola pequeñx lector/a!

Hoy te tengo una pregunta:

¿Sabes esa escena en las películas cuando los días comienzan a pasar a cámara rápida?

Es algo irrelevante, todos los días pasan de la misma manera porque están esperando que ocurra algo mejor, están esperando ese cambio, ese suceso que diga que algo está cambiando.

«Ojalá mi vida empezase a pasar así ahora, durante todo este año para ser más exactos. Ojalá ver pasar los días a cámara rápida: trabajar, estudiar y dormir y vuelta a empezar».

Escribí esas frases al principio de enero de 2019 porque así me sentía, así quería que pasasen los días, que me llevasen a algo mejor, a algo grande, que me hiciesen sentirme útil y bien conmigo misma.

Hoy, a solo 2 meses de acabar el año me he tropezado con ese fragmento y he querido analizar como ha sido el año.

Como pedía en enero pasé muchas semanas, incluso meses en los que mi vida transcurría de ese modo: de casa al trabajo y del trabajo a casa. Día tras día. No quedaba con amigxs, no me sentía con ganas ni con ánimos. Iba a casa a sentirme arropada y querida por mis bubús y cuando traspasaba la puerta de su casa me volvía a sumergir en esa monotonía, que más que vida, era un sinvivir.

El verano pasó igual de rápido, sin salir de la rutina que me había autoimpuesto por tristeza, por vacío o por soledad. No lo sé la verdad.

Una vez empecé el máster en septiembre tenía la sensación de que este año volvería a ser así, la misma rutina, solo que le añadiría ir a clase algunos días.

Por el resto, todo igual. Solo me animaba pensar que una vez que terminase el máster podría irme de aquí, salir de Sanxenxo e ir a una ciudad a comenzar de cero. Podría empezar en un sitio donde la gente no me conociese, donde el pasado y esa sombra de temas familiares no me perseguirían. Quizás podría empezar en Barcelona, una ciudad con oportunidades y mi tan necesitada playa…o quizás en Madrid donde estaría más cerca de los bubús para escaparme de vez en cuando del ruído de los coches y volver a casa con ellos.

Y, de repente, aburrida una tarde por Instagram encontré el perfil que me iba a cambiar la vida. Siempre había querido hacer un voluntariado, pero no había encontrado la asociación ni las personas que me aportaran esa confianza para lanzarme a ello.

Recuerdo que pasé varias horas viendo vídeos de Youtube sobre el orfanato, sobre todo lo que habían conseguido en tan poco tiempo para esos niños que no tenían nada y parecían tan felices.

Fue un golpe de realidad en toda regla y empecé a cuestionarme muchas cosas.

Por un lado, admiré profundamente a la fundadora de la asociación, Sandra, por haber cambiado la vida de esxs niñxs. De la nada y con todo en su contra fundó una asociación sin ánimo de lucro y puso todo su empeño y amor en que saliese adelante para poder ayudar, aportar su granito de arena y darles un futuro a esxs niñxs.

Ojalá pueda conocerla en persona y poder aprender de ella, saber toda la historia y compartirla. Todavía queda gente buena en el mundo.

Un par de días más tarde contacté con la Asociación Índigo para pedir información sobre el voluntariado y solo 3 días más tarde había pedido las vacaciones para el viaje y estaba comprando los billetes para irme.

Se me olvidaba, antes de comprar los billetes me senté con la bubú a decirle la decisión que había tomado para saber su opinión y tener su apoyo. Es la mujer de mi vida y para irme necesitaba saber que ella me entendía y me apoyaba. Al principio le dió algo de miedo que me fuese a ir sola a un sitio tan lejos y me soltó varias lágrimas, pero finalmente me dijo que adelante, que si era lo que yo necesitaba que fuese porque hacía más de 1 año que no me veía esa ilusión y ese brillo en los ojos.

Le conté la pequeña mentirijilla de que salía desde Madrid con más gente y que no iba a viajar sola porque sé que eso la preocupaba mucho y no quería que lo pasase mal.

En menos de dos meses estaré a muchos km de mi casa, de mis bubús, para cumplir una de las cosas que siempre quise hacer.

Y ¿sabeis? Aquí es donde me doy cuenta de que nunca más voy a desear que los días pasen a cámara rápida. Eso no es vida.

Quiero aprovechar cada hora, cada segundo de cada día. Hacer planes, aventuras, locuras…Quiero estar el máximo tiempo posible con mis bubús, cuidándoles y devolviéndoles todo el amor que ellos me han dado a mi porque sé con certeza que lo que soy hoy es gracias a como me criaron ellos.

Voy a disfrutar cada pequeña cosa. Un atardecer en mi playa un miércoles al salir de la facultad, una videollamada con la bubú y los tíos de Bélgica, un café con mis amigas en la terraza, una mañana de sábado en la que se me peguen las sábanas, una conversación de fútbol con el bubú aunque no me interese lo más mínimo…

En fin, cada cosa que pueda retener y disfrutar voy a hacerlo, por muy pequeña que parezca.

Y voy a aprender todo lo que pueda de mi viaje, de esxs niñxs que tanto tienen que enseñarme, de su cultura, su manera de ver y vivir la vida. Perderé el miedo a viajar sola, o eso espero porque me esperan muchas horas de viaje. Me volveré a encontrar conmigo.

Sé, con certeza, que este viaje me va a cambiar la vida y no puedo tener más ganas de que llegue el día en el que tenga que salir de casa con las maletas para irme.

Nos leemos pronto.

Ángela.

 

 

 

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