Trayecto a Mfangano

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Hola pequeñx lector/a!

Hoy te traigo otro pedacito de mi viaje a Mfangano:

El viaje fue toda una odisea.

En mi caso empezó bien temprano en el aeropuerto de Santiago, el cual me llevaba a Madrid. Desde aquí me tocaba irme a El Cairo, donde ya me encontraba con Eloi y Kate, dos voluntarios que salían de Barcelona.

Hasta aquí todo iba bien.

Cuando ya estaba en la pista dirección a Nairobi algo pasaba en el avión que nos obligó a parar y esperar un buen rato, para que al final nos mandasen bajar…aquí Ángela empezaba a estar tensa y preocupada por dos motivos. El primero es que aún no había visto a los otros dos voluntarios y tenía miedo de que no hubiesen llegado a tiempo y el segundo, porque cada rato que nos retrasábamos era una probabilidad más de que perdiésemos el siguiente avión.

Al rato de estar parados nos hicieron bajar del avión y mientras caminaba para la sala donde nos tocaba esperar los vi sentados. Creo que pocas veces me alegré de ver tanto a dos personas (espero que no se me viese desesperada porque era la primera vez que les veía en persona).

Mientras la espera continuaba nos dimos cuenta de que ya teníamos el siguiente avión perdido y que al llegar allí tendríamos que mirar por otro. Tardamos un rato más en volver a la pista para despegar, esta vez si, rumbo a Nairobi.

Aquí empieza la odisea…

Cuando llegamos a Nairobi y nos vamos a preguntar por otros billetes de avión las 3 compañías que existen nos dicen que están completos en lo que resta de fin de semana (era sábado por la mañana en ese momento). Se nos ocurre la idea de preguntar en la estación de autobuses ya que aunque fuese un viaje de un montón de horas llegaríamos ese mismo día, a más tardar el domingo por la mañana. Nuestra sorpresa es cuando nos dicen que tampoco quedan billetes de autobús disponibles hasta lunes…Aquí empezábamos a estar algo preocupados.

Teníamos dos opciones: o pedir hotel y salir en un avión en cuanto hubiese billete y llegar dos días más tarde al orfanato; o decirle a Paul (el taxista) que viniese a por nosotros y llegaríamos, con suerte, esa noche o el domingo de mañana.

Nuestra decisión fue esperar por Paul ya que queríamos llegar al orfanato lo antes posible.

Paul estaba en el siguiente aeropuerto, en Kisumu, que era a donde nosotros habríamos llegado de haber cogido el avión en Nairobi. Lo que son las distancias…lo que en avión es 1 hora, en coche son 7. Y así fue, tuvimos que esperar 7 horas en una cafetería, que curiosamente se llamaba Paul Caffe, a que nuestro salvador, el taxista y luego amigo, viniese a por nosotros.

En esas siete hora nos dió tiempo a conocernos, comer, dormir, volver a comer, seguir conociéndonos, reír por no llorar, esperar, esperar y esperar…

Al final, el que vino a por nosotros fue un compañero de Paul, el cual para encontrarnos allí mismo nos llevó un buen rato…pero conseguimos montar todas las maletas (que no eran pocas) y nosotros en el taxi. Por fin,  rumbo a Kisumu.

Llevaba más de un día de viaje y me esperaban 7 horas en un coche apretada y cansada, pero con unas ganas inmensas de llegar.

Se estaba haciendo de noche y el speed boat (una lancha para que me entiendas) no nos llevaría a la isla en ese día porque de noche es peligroso, y por esa razón, nos tocaba buscar un sitio donde pasar la noche.

Después de buscar por internet reservamos una habitación en un hotelillo para los 3 donde poder ducharnos y descansar unas horas.

En el hotel también fue toda una odisea porque nos querían hacer pagar 3 habitaciones en lugar de una que teníamos reservada porque no tenían esa disponible…(dato: es muy difícil querer explicarse cuando no tienes ni idea de inglés). Al final, después de mucho insistir, me llevé la razón y nos quedamos Kate y yo en un cuarto y Eloi en otro (pagando el precio que había reservado claro está).

Y aquí tuvimos la que sería nuestra primera ducha fría de este viaje.

Por la mañana siguiente volvimos a encontrarnos con el taxista para que nos llevase a donde teníamos que coger el speed boat. Estábamos agotados, íbamos un día tarde, pero las ganas y la sonrisa no faltaba en nuestras caras.

Después del trayecto en taxi de hora y media montamos en el speed, junto con todas las maletas y pusimos rumbo a la isla.

De camino paramos en Mbita a repostar (es bastante común quedarse sin combustible en mitad del camino, es el Kenya Style).

Mientras esperábamos un par de chicas vinieron a nuestro lado a saludarnos y a quitarse una foto con nosotros porque dicen que allí si ves a un Mzungo (persona blanca para ellos) les da suerte. Esta fue la primera cosa del viaje que me hizo reflexionar y pensar en ello durante el trayecto restante.

Después de más de dos días y medio al fin veíamos el orfanato a lo lejos que poco a poco se iba haciendo más grande hasta que por fin llegamos.

En ese momento mi felicidad era absoluta, no me creía que ya estuviese allí, en ese lugar que se acabaría convirtiendo en mi casa.

Niñxs, gracias por ser mis compañeros de viaje. La verdad es que no se que habría hecho si llego a tener que hacer todo eso sola. No pude haber escogido mejor: una venezolana con mitad de alma gallega y un toxo con el corazón de los más grandes que he conocido.

Ya sabéis que en Galicia siempre tendréis casa.

Mis primeras gracias de este viaje son para ellos dos.

Que lo que ha unido Mfangano no lo separe nunca nadie.

Nos leemos pronto.

Ángela

Reflexiones
admin

11/01/2021

Hola pequeñx lector/a! Para hoy tengo una reflexión… Con el tiempo he aprendido que de cada situación que me ponga la vida he de quitar

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